En este artículo vamos a tratar el factor de los macronutrientes para el cultivo en maceta o contenedor. Porque cuando cultivamos plantas, ya sea a nivel profesional en un vivero comercial o por pura afición en la terraza de casa, a menudo centramos nuestros esfuerzos en elegir la maceta más adecuada y un sustrato de alta calidad. Sin embargo, el éxito de cualquier cultivo, desde un plantón frutal hasta las hortalizas de un bricohuerto, depende en gran medida de lo que sucede a nivel químico dentro de ese recipiente. Nos referimos a la nutrición vegetal y, muy especialmente, a la gestión de los macronutrientes.
A diferencia de lo que ocurre en el suelo natural de un campo agrícola o un jardín, cultivar en un contenedor supone un desafío agronómico. El volumen de sustrato es limitado, las raíces no pueden explorar más allá de las paredes de la maceta o contenedor y los riegos frecuentes alteran constantemente la química del medio. En este escenario confinado, es muy importante conocer el papel de los macronutrientes para gestionarlo de la mejor manera posible.
¿Qué son los macronutrientes para las plantas?
En la nutrición vegetal, clasificamos los elementos esenciales en función de la cantidad que la planta necesita absorber para desarrollarse correctamente. Los macronutrientes son aquellos elementos químicos que la planta consume en grandes cantidades y se miden en porcentajes o gramos por kilo de materia seca. Son, literalmente, “los ladrillos” con los que la planta construye sus tejidos y el motor de su metabolismo.
Para facilitar su comprensión y manejo, tanto en la producción profesional como en la bricojardinería, los dividimos en dos grandes grupos: primarios y secundarios.
Los macronutrientes primarios
Los macronutrientes primarios son los que la planta requiere en mayor volumen y los que, por tanto, se agotan más rápidamente en el sustrato de una maceta. Todo fertilizante comercial destaca estos tres elementos en su etiqueta mediante las siglas N-P-K.
El nitrógeno (N) es el motor del crecimiento vegetativo. Es el principal responsable de que la planta genere nuevas hojas, tallos vigorosos y adquiera ese color verde intenso característico, ya que forma parte esencial de la clorofila.
El fósforo (P) es el elemento de la energía. Resulta necesario en las primeras fases del cultivo para estimular el desarrollo de un buen sistema radicular dentro de la maceta. Además, es indispensable para una floración abundante y un correcto cuajado de los frutos.
Y el potasio (K), el nutriente de la calidad y la resistencia. El potasio regula la apertura de los estomas de las hojas, ayudando a la planta a resistir el estrés hídrico (la falta de agua) y las bajas temperaturas. En los frutales en contenedor y en el bricohuerto, es el responsable del tamaño, sabor y color final de la cosecha.
Todos interactúan en numerosos procesos biológicos de la planta, pero en síntesis, esta descripción los define en sus funciones principales.
Los macronutrientes secundarios
Aunque la planta los necesita en cantidades ligeramente inferiores a los primarios, su carencia en el sustrato provoca alteraciones fisiológicas graves que pueden arruinar el valor ornamental o productivo del cultivo.
En este grupo de encuentra el calcio (Ca), que actúa como “el cemento” que une las paredes celulares. Un sustrato deficiente en calcio provocará malformaciones en las hojas jóvenes y problemas clásicos como la podredumbre apical (la temida «peseta») en los tomates cultivados en contenedor o jardineras.
El magnesio (Mg) es el átomo central de la molécula de clorofila. Sin magnesio, no hay fotosíntesis. Su carencia se detecta rápidamente por un amarilleamiento entre los nervios de las hojas más viejas.
Y el azufre (S), que trabaja en estrecha colaboración con el nitrógeno para formar proteínas y enzimas esenciales. Aunque suele estar presente en muchos fertilizantes convencionales, no debe pasarse por alto.
La dinámica de los macronutrientes en los sustratos
Entender qué hace cada nutriente es solo el primer paso. El verdadero reto para el viverista y el aficionado es comprender cómo se comportan dentro de una maceta.
Las materias primas que componen la mayoría de strong>los sustratos actuales, como la turba rubia, la fibra de coco, la perlita o la corteza de pino, por ejemplo, suelen ser materiales inertes o con una fertilidad natural muy baja e incluso nula. Su función principal es proporcionar anclaje, aireación y retención de humedad, pero no alimentar a la planta a largo plazo.
Esto provoca dos fenómenos determinantes en el cultivo en contenedor. Por una parte se encuentra el lavado de nutrientes, también conocido como lixiviación. Al regar una maceta, el agua que drena por los agujeros inferiores arrastra consigo los nutrientes solubles. El nitrógeno, por ejemplo, es altamente móvil y se lava con extrema facilidad en sustratos muy porosos, dejando a la planta «hambrienta» en cuestión de semanas.
Y por otra, el papel de la CIC y el pH del sustrato. La Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC) es la propiedad que posee el sustrato para retener nutrientes como el potasio, el calcio o el magnesio y no dejarlos escapar con el agua de riego. La turba negra tiene buena CIC, pero la perlita es nula. Además, el pH de la mezcla determinará si esos macronutrientes están disponibles para las raíces o si quedan bloqueados.
¿Cómo gestionar la fertilización en macetas?
Dado que el volumen del recipiente limita las reservas, la aportación de macronutrientes debe ser constante y equilibrada. Esta gestión también podemos dividirla en dos fases.
La primera es la incorporación de un abono de fondo para sustratos antes de la plantación o siembra, mezclando los fertilizantes directamente con las materias primas para asegurar el arranque del cultivo.
La segunda fase es la fertilización de mantenimiento durante el desarrollo de la planta, ya sea mediante fertirrigación (abonos líquidos en el agua de riego), aplicaciones de cobertera, o el uso de fertilizantes de liberación controlada que van cediendo N-P-K lentamente con la temperatura y la humedad.
Básicamente estos son los principales macronutrientes que debemos tener en cuenta en una correcta fertilización de nuestros cultivos. Pero no debemos olvidar los oligoelementos, también conocidos como microelementos. Estos no son consumidos en estas mismas cantidades, pero si hay una carencia de ellos, aunque sea de uno solo, el cultivo no vegetará adecuadamente.
