El magnesio (Mg), como macroelemento secundario, en los sustratos actúa como el corazón de la clorofila en la planta.
Si en uno de los artículos definíamos al calcio como el «cemento» que da estructura a las plantas, al hablar del magnesio (Mg), nos adentramos en el núcleo mismo de la vida vegetal. Este macronutriente secundario es, literalmente, el motor que permite a las plantas capturar la luz del sol y transformarla en energía.
En el cultivo en contenedor, ya sea en un vivero de producción de frutales, planta ornamental o en las macetas de un bricohuerto urbano, el magnesio suele ser el gran olvidado en los planes de fertilización. Sin embargo, su carencia es una de las más fáciles de diagnosticar visualmente y una de las que más merma el valor estético y productivo de nuestros cultivos.
¿Qué función cumple el magnesio en las plantas?
La importancia del magnesio se puede resumir en una imagen: es el átomo central de la molécula de clorofila. De la misma manera que el hierro es el centro de la hemoglobina en nuestra sangre, el magnesio es el corazón del pigmento verde que permite la fotosíntesis.
Pero sus funciones van mucho más allá de dar color a las hojas. En el interior de la planta, el magnesio es el responsable de áreas como, por ejemplo, activador enzimático, transporte del fósforo y de la síntesis de carbohidratos.
Como activador enzimático, enciende los procesos metabólicos necesarios para que la planta respire y crezca. En el transporte del fósforo, actúa en sinergia con el fósforo, ayudando a transportarlo desde las raíces hasta las zonas de crecimiento y las semillas. Sin magnesio, el fósforo aportado al sustrato pierde gran parte de su eficacia.
Y en la síntesis de carbohidratos, es fundamental para la creación de azúcares y almidones, lo que se traduce en flores de mayor calidad y frutos más dulces en cultivos hortícolas.
Síntomas de carencia y exceso de magnesio en macetas
A diferencia del calcio (que es inmóvil), el magnesio es un elemento muy móvil dentro de la planta. Así, ante la falta de magnesio en el sustrato, la planta reaccionará desmantelando la clorofila de las hojas más antiguas para enviar ese magnesio «reciclado» a los brotes nuevos que necesitan crecer.
Cómo detectar la falta o carencia de magnesio en la planta
El síntoma de carencia de magnesio en la planta, es un clásico de manual agronómico: la clorosis intervenal en hojas viejas o inferiores.
La hoja comienza a ponerse amarilla, pero los nervios principales (las «venas») se mantienen de un color verde oscuro muy marcado. Si la carencia avanza, ese amarillo se torna en manchas necróticas (marrones y secas) y la hoja termina cayendo.
En el bricohuerto, es bastante común ver esta deficiencia en tomateras, pimientos o cítricos cultivados en maceta cuando llega la fase de engorde del fruto, ya que la planta desvía todo el magnesio disponible hacia la cosecha.
El problema del exceso de magnesio: La batalla de los cationes
Un exceso de magnesio en el sustrato rara vez resulta tóxico por sí mismo, pero desencadena el temido antagonismo iónico.
El magnesio (Mg2+) compite en las raíces con el potasio (K+) y el calcio (Ca2+. Si saturamos el sustrato de magnesio, la planta será incapaz de absorber calcio, derivando en problemas estructurales o en podredumbres apicales.
La dinámica del magnesio en el sustrato
En strong>los sustratos profesionales y de aficionado, el comportamiento del magnesio depende de dos factores críticos: Lixiviación y los sustratos ácidos.
En el caso de lixiviación, también llamado lavado, en sustratos muy porosos y con baja Capacidad de Intercambio Catiónico, como la perlita o la fibra de coco poco procesada, el magnesio soluble se lava fácilmente por los agujeros de drenaje tras riegos abundantes.
Respecto a los sustratos ácidos, en medios con pH muy bajo, por debajo de 5,5 como las turbas rubias sin corregir, el magnesio queda bloqueado y es inaccesible para las raíces.
También está el factor de antagonismo provocado. Muchas veces, el sustrato tiene magnesio suficiente, pero el aficionado aplica un abono de floración excesivamente rico en potasio. Ese pico de potasio bloquea instantáneamente la absorción del magnesio, provocando la clorosis intervenal descrita anteriormente.
Cómo aportar magnesio de forma eficiente
Para evitar sustos y asegurar un verde intenso en nuestras plantas en contenedor, existen varias estrategias según el momento del cultivo.
Una de ellas son las enmiendas de fondo (Dolomita) o abono de fondo para sustratos. Al igual que vimos con el calcio, el uso de carbonato doble de calcio y magnesio (dolomita) al fabricar o preparar el sustrato es la técnica más extendida. Corrige la acidez natural de la turba y deja una reserva estable de magnesio en la maceta.
Otra la fertilización de mantenimiento. La mayoría de los abonos de liberación controlada (tipo Osmocote o Basacote, por ejemplo) y los fertilizantes líquidos completos para fertirrigación, incluyen un porcentaje de magnesio en su fórmula, a menudo indicado como óxido de magnesio es (MgO) en la etiqueta.
También están las soluciones de choque mediante sulfato de magnesio (MgSO4), también conocido como sales de Epsom aunque su fórmula es distinta ya que es un sulfato de magnesio heptahidratado (MgSO4·7H2O), es un aliado fantástico tanto en el vivero como en casa. Al ser totalmente soluble, se puede aplicar en el agua de riego o mediante pulverización foliar (directamente sobre las hojas) para corregir rápidamente una deficiencia visible sin alterar el pH del sustrato.
Por lo tanto, conocer y gestionar el magnesio es garantizar que el motor fotosintético de la planta funcione a pleno rendimiento. Un cultivo verde, vigoroso y capaz de asimilar el resto de nutrientes es el resultado directo de una correcta gestión de este macroelemento secundario necesario para la vida de la planta.
