La aplicación de los oligoelementos (micronutrientes) en el cultivo en maceta o contenedor se utilizan en pequeñas dosis, pero que poseen grandes responsabilidades.

Cuando planificamos la fertilización de nuestras plantas, es habitual centrar toda la atención en los grandes protagonistas: el nitrógeno, el fósforo y el potasio (macronutrientes para el cultivo). Sin embargo, en el complejo ecosistema de una maceta, la diferencia entre una planta que simplemente sobrevive y una que exhibe un vigor correcto suele estar en los detalles más pequeños. Nos referimos a los oligoelementos o micronutrientes.

Tanto en la producción profesional de viveros como en la bricojardinería y el bricohuerto, debemos saber que el papel de estos elementos es el paso definitivo para dominar la nutrición vegetal. Su ausencia, aunque se necesiten en pequeñas dosis, es capaz de paralizar por completo el desarrollo de cualquier cultivo.

¿Qué son los oligoelementos?

Los oligoelementos son nutrientes esenciales que la planta necesita asimilar en cantidades muy pequeñas. Se miden en partes por millón o miligramos por kilo de materia seca, a diferencia de los macronutrientes, que se miden en porcentajes.

En agronomía, esto se explica mediante la Ley de Liebig, que establece que el crecimiento de una planta no está dictado por los recursos totales disponibles, sino por el recurso más escaso. Es decir, por mucho nitrógeno o agua que aportemos a nuestro sustrato, si falta una fracción de miligramo de hierro o zinc, por ejemplo, la planta enfermará y detendrá su crecimiento.

Los principales micronutrientes que manejamos en el cultivo en contenedor son seis: el hierro (Fe), el manganeso (Mn), zinc (Zn), cobre (Cu), boro (B) y molibdeno (Mo). Aunque en cantidades traza también intervienen el cloro (Cl), silicio (Si), cobalto (Co) y el níquel (Ni), sin olvidar al aluminio (Al) que no es un oligoelemento propiamente dicho, pero actúa, los seis primeros son los que marcan la agenda en la fertilización de sustratos.

La importancia de los oligoelementos en el metabolismo vegetal

Utilizando un símil, a diferencia de los macronutrientes, que actúan como los «ladrillos» con los que la planta construye sus tejidos (paredes celulares, proteínas), los micronutrientes funcionan como las “herramientas” de los obreros.

Son catalizadores enzimáticos y activadores de procesos vitales. Participan en la síntesis de la clorofila (hierro y manganeso), en la viabilidad del polen y el cuajado de frutos (boro), en el tamaño de las hojas (zinc) o en la asimilación del nitrógeno (molibdeno). Siguiendo con el símil, sin estas «herramientas», la fábrica metabólica de la planta se paraliza.

Sustratos y pH como grandes retos del cultivo en maceta

El manejo de los oligoelementos en el suelo natural de un campo agrícola es relativamente sencillo, ya que las arcillas y minerales del terreno actúan como una despensa inagotable. Sin embargo, el cultivo en contenedor presenta dos desafíos de enorme importancia: en los sustratos y en el pH.

Los sustratos estériles y sin reservas

Las diferentes materias primas de alta calidad que utilizamos para formular sustratos (como strong>la turba rubia de musgo Sphagnum, la fibra de coco lavada o la perlita) son excelentes para retener agua y aire, pero son químicamente inertes o muy pobres en micronutrientes de origen.

Partimos de un soporte nulo o con muy pocas reservas nutricionales. Si no aportamos los oligoelementos nosotros, la planta no tendrá de dónde extraerlos, agotándolos rápidamente en el volumen limitado de la maceta o contenedor de cultivo.

El pH es el guardián de los micronutrientes

El pH del sustrato es el factor más importante para cualquier viverista o aficionado. La disponibilidad de los oligoelementos está notablemente condicionada por el pH del sustrato ya que indica su nivel de acidez o alcalinidad.

En sustratos alcalinos (pH superior a 6,5 – 7), elementos vitales como el hierro, el manganeso o el zinc se bloquean químicamente. Pasan a formar compuestos insolubles y las raíces no pueden absorberlos. Esta es la causa principal de la famosa clorosis férrica (hojas amarillas con nervios verdes).

En sustratos muy ácidos (pH inferior a 5), el único micronutriente que se bloquea es el molibdeno. El resto (hierro, zinc, manganeso) se vuelven tan solubles que la planta puede absorberlos en exceso, llegando a sufrir toxicidad.

El rango ideal de pH
para mantener todos los oligoelementos disponibles en la mayoría de sustratos a base de turba o coco se sitúa entre 5,5 y 6.

¿Cómo aportar micronutrientes de forma segura?

Para evitar deficiencias en nuestras macetas y jardineras durante el cultivo, la estrategia debe ser preventiva.

Por una parte, tenemos los abonos de fondo con microelementos. Al preparar el sustrato inicial, es necesario usar fertilizantes o correctores que incluyan un catálogo completo de oligoelementos.

Otra opción es el uso de quelatos. Esta tecnología agronómica ha desarrollado los quelatos, que son moléculas orgánicas (como una «pinza») que envuelven al micronutriente (especialmente al hierro) y lo protegen del bloqueo por pH alto, asegurando que llegue intacto a la raíz. Son imprescindibles tanto en el vivero profesional como en de la bricojardinería y bricohuerto.

Y otra, la fertilización foliar. Ante una carencia grave ya visible, por ejemplo, hojas nuevas completamente pálidas, se puede pulverizar una solución de micronutrientes directamente sobre las hojas, siendo esta la vía más rápida y efectiva de corrección, saltándonos el «filtro» del sustrato.

Por supuesto también está el abonado de cobertera y en fertirrigación, en los dos casos, oligoelementos formando parte con los macroelementos durante el abonado de cultivo. Los primeros, los de cobertera, estarán en formulado sólido en gránulos normalmente, mientras en fertirrigación están formulados en modo líquido o sólido cristalino, que se disuelven en el agua de riego.

En diferentes artículos desglosamos cada uno de estos oligoelementos de forma individual, conociendo sus síntomas de carencia específicos y cómo aplicar soluciones a medida para que ninguna planta pierda su vitalidad por un déficit.