La porosidad de aire en un sustrato permite la presencia de agua y oxígeno, mejorar el desarrollo físico radicular y dar vida a la raíz.
En la formulación de sustratos y el manejo de cultivos en contenedor, existe una obsesión habitual por la retención de agua. Sin embargo, el viverista sabe que la causa número uno de la muerte de plantas en maceta no es la sequía, sino la asfixia radicular. Aquí es donde entra en juego la porosidad de aire o AFP (del inglés Air Filled Porosity), un parámetro físico tan vital como el propio riego.
¿Qué es la porosidad de aire?
La porosidad de aire se define como el porcentaje del volumen total del sustrato que está ocupado por aire inmediatamente después de que este ha sido saturado de agua y ha terminado de drenar.
Es decir, una vez que la gravedad ha hecho su trabajo eliminando el agua sobrante, cuánto espacio queda libre para el oxígeno.
¿Por qué las raíces necesitan aire?
A diferencia de lo que a veces se piensa popularmente, las raíces no solo absorben agua; también respiran. Las células radiculares consumen oxígeno y liberan dióxido de carbono (CO2) para generar la energía necesaria para crecer y absorber nutrientes activamente.
Si la porosidad de aire es insuficiente (un sustrato compactado o encharcado), el intercambio de gases se detiene. El CO2 se acumula intoxicando la zona radicular y la falta de oxígeno provoca condiciones anaeróbicas.
En este ambiente sin aire, las raíces dejan de funcionar, mueren y se convierten en el caldo de cultivo perfecto para patógenos devastadores como Phytophthora o Pythium.
Macroporos y microporos en la estructura del suelo.
Para entender la porosidad de aire, debemos visualizar la estructura interna del sustrato como un sistema de cuevas de diferentes tamaños.
Por una parte, están los microporos. Son los poros pequeños y tienen una fuerza capilar alta y son los encargados de retener el agua disponible para la planta.
Y por otra, los macroporos, los poros grandes o huecos entre partículas gruesas. La gravedad vacía estos poros de agua rápidamente tras el riego, dejándolos llenos de aire. Estos son los responsables de la porosidad de aire.
La técnica de diseñar un buen sustrato reside en el equilibrio. Un sustrato 100 % microporos (como una arcilla pesada o turba muy fina) retendrá mucha agua, pero asfixiará la planta (porosidad de aire baja). Un sustrato 100 % macroporos (como grava gruesa) tendrá mucho aire (porosidad de aire alta) pero la planta se secará en horas.
La importancia de la granulometría.
En sustratos, se entiende la granulometría como el tamaño de las partículas y es el factor determinante de la porosidad. Los materiales gruesos crean macroporos. Por eso, en la producción de sustratos, se añaden materiales «aireadores» para aumentar la porosidad de aire, tales como la perlita, un clásico para inyectar aire en mezclas de turba; la fibra de coco que aportan una estructura muy estable y gran aireación; o la corteza de pino, fundamental en sustratos para orquídeas o cultivos de larga duración.
Por el contrario, el enemigo de la porosidad de aire son los llamados «finos», partículas de polvo menores a 1 mm. Si un sustrato tiene exceso de finos, estos se cuelan en los huecos grandes (macroporos) y los taponan, cimentando el sustrato y reduciendo drásticamente la oxigenación.
Valores de referencia sobre la porosidad de aire según el cultivo.
No existe una porosidad de aire «perfecta» universal; depende del requerimiento de la especie y del manejo del riego,
En el caso de una porosidad de aire baja, del orden del 5 al 10 % se considera aceptable para semilleros y propagación, donde se requiere máxima humedad constante y las raíces son incipientes. También en bloques de turba prensada.
Para una porosidad de aire media, entre el 10 y el 20 %, se considera el estándar para la mayoría de plantas ornamentales de temporada y planta de interior en maceta estándar. Ofrece un buen equilibrio seguridad/riego.
Y para una porosidad de aire alta, superior al 25 %, se considera imprescindible para plantas epífitas (orquídeas), plantas sensibles a pudrición, cultivos de ciclo largo en contenedores grandes (arbustos, árboles), así como para sistemas de cultivo hidropónico con riegos muy frecuentes.
El factor tiempo como factor de estabilidad física en la porosidad de aire.
Un dato muy importante es saber que la porosidad de aire disminuye con el tiempo. A medida que la materia orgánica se descompone y el riego asienta las partículas, el sustrato se compacta («baja» en la maceta).
Un sustrato que empieza con un 15 % de aire puede acabar con un 5 % al cabo de un año, poniendo en riesgo el cultivo a largo plazo. Por ello, para cultivos de ciclo largo (frutales en contenedor, árboles ejemplares), es obligatorio utilizar materias primas de estructura dura y estable (corteza de calidad, fibra de madera estabilizada, fibras de coco gruesa) que mantengan el esqueleto de poros abiertos durante el mayor tiempo posible.
En definitiva, garantizar una correcta porosidad de aire en el sustrato es garantizar la sanidad radicular.