Si hay una deficiencia nutricional que todo aficionado a la bricojardinería o al bricohuerto ha sufrido alguna vez, especialmente con plantas acidófilas o cítricos en maceta, y que todo viverista profesional debe tener controlada, es la del hierro (Fe).

El Hierro (Fe) en los sustratos es el rey de los micronutrientes y también el responsable de la batalla contra la clorosis. Es sin lugar a dudas, el que acapara más consultas en cualquier centro de jardinería y supone un reto constante en la producción viverística.

Aunque las plantas lo necesitan en cantidades muy pequeñas en comparación con gigantes como el nitrógeno o el potasio, su papel es tan importante que su bloqueo en el sustrato es capaz de arruinar el valor estético de una planta ornamental o paralizar la cosecha de un frutal en contenedor en cuestión de semanas.

¿Qué función cumple el hierro en las plantas?

El hierro es el gran catalizador de la vida vegetal. Aunque, curiosamente, no forma parte de la molécula de la clorofila (ese puesto de honor, como vimos, lo ocupa el magnesio), sin hierro la planta es incapaz de sintetizar clorofila.

Además de ser el «interruptor» que enciende la producción del pigmento verde, el hierro es fundamental para la respiración celular porque interviene en el transporte de electrones, permitiendo a la planta «respirar» y generar energía. Y también en la reducción de nitratos y sulfatos, ya que ayuda a transformar el nitrógeno y el azufre que la planta absorbe en formas útiles para crear proteínas.

Los síntomas de carencia del hierro

El diagnóstico visual del hierro es uno de los más conocidos, pero a menudo se confunde con la falta de magnesio. Para diferenciarlos, debemos recordar una regla de oro en fitotecnia: el hierro es un elemento completamente inmóvil dentro de la planta.

Cuando el hierro escasea en el sustrato, la planta no puede mover las reservas de las hojas viejas hacia los brotes en crecimiento. Por tanto, el síntoma siempre aparecerá en la parte superior de la planta.

Cómo detectar la carencia de hierro en la planta

El síntoma inconfundible es la clorosis intervenal en las hojas nuevas o brotes tiernos. Las hojas nacen de un color amarillo pálido, casi blanco en casos severos, pero los nervios principales y secundarios se mantienen dibujados de un color verde oscuro (como una espina de pescado).

En el entorno de la bricojardinería y el bricohuerto, es extremadamente común ver este problema en hortensias, gardenias, camelias, azaleas, y muy especialmente, en los limoneros y naranjos cultivados en maceta.

El problema del exceso de hierro en el sustrato

Aunque es raro que se dé de forma natural, un exceso de hierro (por ejemplo, por pasarnos con las dosis de correctores) puede resultar tóxico, manifestándose con hojas oscuras que terminan necrosándose. Además, un exceso de hierro en el sustrato bloqueará inmediatamente la absorción de manganeso (Mn), provocando deficiencias de este último.

La dinámica del hierro en el sustrato

Si las plantas sufren clorosis férrica, es casi seguro que sí hay hierro en el sustrato. El problema es que la planta no puede tomarlo, porque el hierro es el nutriente más sensible al el pH del sustrato.

Esta sensibilidad puede estar generada por el bloqueo por pH alcalino. En sustratos con un pH superior a 6,5 – 7,0, el hierro reacciona rápidamente con el oxígeno y los iones hidroxilo, pasando a formas oxidadas (férricas) que son totalmente insolubles. Es como si el hierro se convirtiera en óxido sólido; las raíces simplemente no pueden absorberlo.

Otra forma de bloqueo está en el peligro del agua de riego, ya que en gran parte de la geografía española, el agua del grifo es «dura», muy rica en cal/bicarbonatos. Regar continuamente nuestras macetas con esta agua hace que el pH de la turba o la fibra de coco suba progresivamente y con el tiempo, el sustrato se vuelva alcalino y el hierro se bloquee irremediablemente.

Cómo aportar hierro de forma eficiente al sustrato

Como no podemos aportar sulfato de hierro normal en un sustrato calcáreo porque se bloquearía al instante, la tecnología agronómica nos ofrece una herramienta altamente eficaz: quelato de hierro.

Es la solución definitiva porque un quelato es una molécula orgánica, una especie de «garra» química que envuelve al átomo de hierro y lo protege del pH alto. El quelato viaja intacto por el sustrato hasta la raíz, donde cede el hierro a la planta.

Para las aplicaciones en el sustrato mediante riego, el quelato tipo EDDHA es el más potente y estable, incluso en condiciones de alta alcalinidad y es reconocido por ser el famoso polvo rojizo que tiñe el agua como si fuera sangre.

En cuanto la corrección del pH, en el vivero profesional se utilizan ácidos como el nítrico o el fosfórico para bajar el pH del agua de riego. En el caso de bricohuerto, está la opción de aportar materia orgánica acidificante como turba rubia sin encalar, o añadir unas gotas de ácido cítrico al agua de la regadera, que ayudará a mantener el pH algo más ácido.

Si se opta por la aplicación foliar, ante una clorosis férrica severa, se recomienda pulverizar con abonos foliares con hierro, normalmente formulados con quelatos tipo EDTA, pensados para la hoja, no para el sustrato. Esto ofrece un «rescate» rápido, devolviendo el verdor en pocos días, aunque no soluciona el problema de fondo en la maceta.

Como vemos, dominar la gestión del hierro y vigilar el pH del agua de riego es la clave para mantener cualquier cultivo en contenedor, desde una delicada gardenia hasta un vigoroso tomate, luciendo un verde espectacular y rebosante de salud.